Se les nota en los coloretes. Y que después de 5 años trabajando con ellos es la primera vez que piden irse a la cama.
Por lo demás, están todos sanos. Y lo que es más importante, satisfechos y felices.
Al fondo, las últimas risas de sus conversaciones. Enfrente, las estrellas. Las mismas que en Tres Cantos. Pero en un sábado distinto. Con otras experiencias a las espaldas.
Incluso más animosas. Surgen del paseo a coste cero. De la conversación. Del encuentro. De reconocimiento mutuo.
A nuestra vuelta, las mismas estrellas nos recordarán que las risas profundas están al alcance de nuestra mano.


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