Quizá pienses que se trata de un fiordo noruego, o de la invitación a una playa caribeña.
Pero no. Es belleza cercana. La distancia de la puerta de la parroquia a este espectaculo es de 42 minutos.
Seguramente haya tardes que hayamos gastado más tiempo del que hubièramos necesitado para ir, volver y disfrutar del espectáculo. Y, encina, sin ser capaces de alejarnos de la tristeza o del enfado.
Pagamos por encontrar rincones que en el fondo nos esperan cercanos a que sepamos reconocerlos.
Y ojalá fueran solo los rincones.
Buscamos la belleza que quizá ya nos rodea, o nos habita. Anhelamos lo que quizá ya nos fue regalado.
Y no lo vemos. Quizá nublados por nuestros propios anhelos.
Tan cerca
y tan lejos.

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