Mi amigo Paco sufrió muchos de los mediocres entrenadores deportivos que trataban de superar sus frustraciones volcando unos niveles de exigencia despedazadores sobre sus chavales. Una dinámica semejante a la reconocible en otros espacios laborales, educativos... conservando un rasgo en común por encima de la diversidad de sus campos: la mediocridad.
Por esta razón ha tratado de ofrecer otras claves interpretativas en la tarea que él lleva ahora a cabo como entrenador de cadetes en fútbol. Les premia en función del cansancio acumulado tras un partido. Con independencia del resultado obtenido, valora el sacrificio, la entrega y la pasión depositadas porque hay que aprender a evaluarse en serio. De hecho, cuando alguno de sus chavales no es capaz ni de levantarse del banco de madera para irse a la ducha les ofrece las mejores palabras de reconocimiento y las más encendidas alabanzas: "no sé cuántos futbolistas de primera estaré formando, pero sé contar el número de personas que tengo a mi cargo".
Tras la comida, al entrar en la sala de materiales he recordado a mi amigo Paco y me he detenido unos instantes para hacer una breve oración de alabanza a Dios por nuestros chicos.
Lejos de poder levantarse del banco de madera, el suelo se ha convertido en improvisada sala de recuperación. Tanto que el primer impacto sugería la posibilidad de una explosión atómica que hubiera dejado en tal estado de derrumbe al personal. Un caos informe de rincones hiper aprovechados y de posturas imposible para ocupar el último resquicio de suelo. Tanto que han dado lugar a históricas imágenes como las que compartimos con vosotros.
Mi amigo Paco les premiaría doblemente. Primero por haber entregado la vida, segundo porque sabría valorar que hay mucho más en juego cuando se trata de ofrecer un mundo desconocido a niños golpeados prematuramente por la vida, que en el movimiento de una pelota de cuero en los márgenes de las líneas de cal.
La energía solo se transforma. La que a ellos les falta es ahora sonrisa en los niños, relajación en sus rostros por saberse protegidos y miradas que a veces parecen estrenarse para expresar la gratitud por el amor que se está sintiendo.
Casi todo lo han hecho bien. El resto lo aprenderán con el tiempo. Entretanto, son testimonio de que "no hay mayor amor que dar la vida por los amigos".
Son las 16.28. Bastan un par de avisos y frases cariñosas para animarlos. Están agotados pero se levantan. Es sobrecogedor. 16.35. Cinco minutos de retraso más que justificados. Los niños vuelven al juego.
Sois admirables.
sábado, 9 de julio de 2016
La gramática del borde de la piscina
He de reconocer que escribo sobrecogido por la belleza de detalles que son regalos incrustados en estos días. Hoy quiero contaros uno de ellos surgido en un baño cualquiera de piscina.
En mis dieciséis y diecisiete, me consta que en los actuales también, la gramática de piscinas, institutos y lugares públicos era la de la burla y la risa a costa de otros, en un ejercicio transmitido de generación en generación sin ejercicio de responsabilidad sobre el daño que muchos llevaron en distintas intensidades por haber sido objeto del daño a pagar por la risa de grupos con poco talento y creatividad.
Me consta, por mis amigos psicólogos, que es fuente de no pocas heridas y complejos que implican mucho tiempo de trabajo y rehabilitación, reconociendo además, que es este es poco precio frente al dolor acumulado y sordo.
He llegado a la piscina a media tarde. En uno de los laterales, previa supervisión del socorrista y tomadas las oportunas medidas de seguridad, algunos de nuestros jóvenes hacían saltos dando la voltereta sobre sí mismos antes de entrar en el agua. Mortales, en un nombre pretencioso a tenor del riesgo que implica: un ejercicio bastante sencillo cuyo único riesgo es hacer un sonoro ridículo.
Los jóvenes eran habilidosos y concitaban atracción. Pero su gramática era otra.
Durante un rato largo he observado la invitación a otros de que se animaran en el intento tras oportunas indicaciones sobre el lugar donde dar el salto, la correcta posición de brazos y piernas....
Lejos que aprovechar su capacidad como ocasión de exhibicionismo han celebrado cada mejora, aplaudido cada ensayo exitoso y han derramado especial pasión con los ensayos errados.
Su éxito no era el aplauso sino compartir las sensaciones con quienes no las han experimentado, alegrarse con ellos, celebrar ser uno más en el juego compartido, ver un miedo superado. Por instantes, entre salto y salto, han sido capaces de crear un espacio precioso, de risa compartida, de aceptación y respaldo, de encuentro y crecimiento al que se han sumado muchos que se habrían retraído ante el riesgo de sufrir el daño de la burla.
Minutos para saborear la fuerza de espacios inundados de confianza y refuerzo positivo frente al agresivo ambiente que en tantas ocasiones somos capaces de generar.
Me llevo estos instantes en el corazón para ponerlos como horizonte de los espacios a los que está llamada toda parroquia para cumplir con el horizonte de su etimología: el lugar donde todo forastero puede sentirse como en casa.
Y, en la oración de esta tarde, doy inmensas gracias por la esperanza de que jóvenes hayan mostrado las posibilidades de una gramática alternativa a la que tantos daños innecesarios generó. Y por el testimonio de personas tan talentosas como generosas en la entrega. Me generáis más admiración por el rato inolvidable creado que por la grandeza de vuestros saltos. Gracias sinceras por vuestra gramática. ¡Cuánta falta nos hace!
Pd. Entre sus logros, que incluso el cura fuera capaz de hacer un salto medianamente aceptable.
En mis dieciséis y diecisiete, me consta que en los actuales también, la gramática de piscinas, institutos y lugares públicos era la de la burla y la risa a costa de otros, en un ejercicio transmitido de generación en generación sin ejercicio de responsabilidad sobre el daño que muchos llevaron en distintas intensidades por haber sido objeto del daño a pagar por la risa de grupos con poco talento y creatividad.
Me consta, por mis amigos psicólogos, que es fuente de no pocas heridas y complejos que implican mucho tiempo de trabajo y rehabilitación, reconociendo además, que es este es poco precio frente al dolor acumulado y sordo.
He llegado a la piscina a media tarde. En uno de los laterales, previa supervisión del socorrista y tomadas las oportunas medidas de seguridad, algunos de nuestros jóvenes hacían saltos dando la voltereta sobre sí mismos antes de entrar en el agua. Mortales, en un nombre pretencioso a tenor del riesgo que implica: un ejercicio bastante sencillo cuyo único riesgo es hacer un sonoro ridículo.
Los jóvenes eran habilidosos y concitaban atracción. Pero su gramática era otra.
Durante un rato largo he observado la invitación a otros de que se animaran en el intento tras oportunas indicaciones sobre el lugar donde dar el salto, la correcta posición de brazos y piernas....
Lejos que aprovechar su capacidad como ocasión de exhibicionismo han celebrado cada mejora, aplaudido cada ensayo exitoso y han derramado especial pasión con los ensayos errados.
Su éxito no era el aplauso sino compartir las sensaciones con quienes no las han experimentado, alegrarse con ellos, celebrar ser uno más en el juego compartido, ver un miedo superado. Por instantes, entre salto y salto, han sido capaces de crear un espacio precioso, de risa compartida, de aceptación y respaldo, de encuentro y crecimiento al que se han sumado muchos que se habrían retraído ante el riesgo de sufrir el daño de la burla.
Minutos para saborear la fuerza de espacios inundados de confianza y refuerzo positivo frente al agresivo ambiente que en tantas ocasiones somos capaces de generar.
Me llevo estos instantes en el corazón para ponerlos como horizonte de los espacios a los que está llamada toda parroquia para cumplir con el horizonte de su etimología: el lugar donde todo forastero puede sentirse como en casa.
Y, en la oración de esta tarde, doy inmensas gracias por la esperanza de que jóvenes hayan mostrado las posibilidades de una gramática alternativa a la que tantos daños innecesarios generó. Y por el testimonio de personas tan talentosas como generosas en la entrega. Me generáis más admiración por el rato inolvidable creado que por la grandeza de vuestros saltos. Gracias sinceras por vuestra gramática. ¡Cuánta falta nos hace!
Pd. Entre sus logros, que incluso el cura fuera capaz de hacer un salto medianamente aceptable.
Campo de Trabajo. Noche final de éxitos
Disculpas anticipadas por el silencio estos días.
Es sinónimo de muchísimo trabajo, no tanto de incidencias relevantes.
Hoy seguimos en el Molinillo, tras muchos días de trabajo intenso y bonito que han dado lugar a muchas experiencias que pondremos por escrito en estos días, para prolongar una experiencia tan estupenda como esta.
Mañana regresaremos a Tres Cantos y os informaremos de la hora de vuelta.
Todos contentos, animados y con muchos motivos por los que dar gracias a Dios
Es sinónimo de muchísimo trabajo, no tanto de incidencias relevantes.
Hoy seguimos en el Molinillo, tras muchos días de trabajo intenso y bonito que han dado lugar a muchas experiencias que pondremos por escrito en estos días, para prolongar una experiencia tan estupenda como esta.
Mañana regresaremos a Tres Cantos y os informaremos de la hora de vuelta.
Todos contentos, animados y con muchos motivos por los que dar gracias a Dios
viernes, 1 de julio de 2016
Tenemos mucha suerte
El autobús nos ha dejado en el Puerto del León. Crema, gorra, últimas instrucciones y foto de familia.
Tras el objetivo, la sensación de haber hecho ya esa foto. Fue hace tres años. Y solo dos repiten, ahora como monitores.
Aquellos serán monitores en Barco, irán a Melilla o cuidarán de su bebé.
Siguen en nuestra comunidad pero han dado paso.
Han cambiado muchas cosas en tres años pero permanecen las montañas, el deseo de ayudar a crecer a los chicos y permanece la experiencia de Dios que nos impulsa.
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